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Dueños de hoteles y agencias en Colombia: el giro del turismo experiencial que puede dejar su negocio atrás en 2026

Colombia está pasando de vender noches de hotel y tiquetes, a vender historias vividas en primera persona. Y ese cambio, que hoy posiciona al país como nuevo líder del turismo experiencial en Latinoamérica, puede convertirse en la mejor oportunidad o en la mayor amenaza para los negocios que no se adapten a tiempo.

28 de enero de 2026
Dueños de hoteles y agencias en Colombia: el giro del turismo experiencial que puede dejar su negocio atrás en 2026
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En silencio, pero a toda velocidad, el turismo en Colombia está cambiando de piel. Ya no se trata solo de llenar habitaciones o vender paquetes todo incluido. Hoy, el país empieza a ser visto como el nuevo laboratorio de experiencias en Latinoamérica… y eso reordena completamente el mapa de oportunidades para hoteles, agencias y operadores.

Según un análisis reciente, Colombia está dando un salto hacia un liderazgo regional en turismo experiencial, apalancado en su diversidad cultural, sus ciudades en transformación y la forma en que nuevos viajeros —sobre todo de alto gasto— buscan vivir el destino, no solo visitarlo (Fuente: AmericaMalls & Retail).

¿Qué significa realmente “turismo experiencial” para su negocio?

No es una palabra de moda más. En la práctica, implica un cambio radical:

  • El turista ya no quiere solo ver Cartagena; quiere cocinar con una familia cartagenera.
  • No basta con una caminata por la Candelaria; quiere entender la historia del barrio a través de sus grafitis y sus artistas.
  • Un ecoalojamiento ya no compite por la cabaña más bonita, sino por la experiencia más auténtica y transformadora: rituales, saberes locales, naturaleza viva.

Para hoteles, agencias y operadores, esto se traduce en algo muy concreto: el producto ya no es la infraestructura; el producto es la experiencia completa. Y quien no la diseñe, la mida y la diferencie, será fácilmente reemplazado.

Por qué Colombia está entrando a la liga mayor del turismo experiencial

Colombia reúne varios factores que están llamando la atención de inversionistas y viajeros:

  • Ciudades que se están reinventando: Medellín, Bogotá, Cali y Barranquilla ya no se venden solo como destinos urbanos, sino como escenarios de innovación social, cultura callejera, gastronomía y creatividad.
  • Regiones con identidad fuerte: el Eje Cafetero, La Guajira, el Pacífico o el Amazonas ofrecen algo que otros países no pueden copiar fácilmente: relatos propios, mezclas culturales, saberes ancestrales.
  • Turista que busca sentido: el nuevo viajero quiere que su viaje cuente algo sobre quién es: responsable, curioso, cercano a lo local. Colombia encaja perfectamente en ese imaginario si se sabe contar bien.

Este contexto lleva a una consecuencia inevitable: los negocios que solo “alquilan” camas o transportan personas se volverán invisibles en la cadena de valor. Los que construyan experiencias memorables, medibles y repetibles empezarán a capturar más margen.

La señal para hoteles: vender menos habitaciones y más historias

Si usted maneja un hotel, hostal o glamping, el movimiento del turismo experiencial le manda un mensaje directo:

  • Un huésped que solo duerme una noche vale menos que uno que vive una experiencia guiada por su equipo.
  • Su recepción puede convertirse en centro de experiencias: clases de cocina, catas, tours de barrio, talleres con artesanos, música en vivo íntima.
  • Un mismo cuarto puede triplicar su valor percibido si está integrado en una narrativa: “fin de semana de inmersión cafetera”, “retiro creativo en la ciudad”, “escapada de reconexión en el bosque”.

El reto ya no es solo el llenado, sino cuánto valor añadido es capaz de crear alrededor de cada reserva. El turismo experiencial premia a los hoteles que piensan como diseñadores de vivencias, no solo como administradores de inventario.

La señal para agencias y OTAs locales: el paquete tradicional está en riesgo

Las agencias, especialmente las que viven de paquetes estándar, se enfrentan a una encrucijada clara:

  • Seguir vendiendo “City tour + traslado + hotel” y competir solo por precio.
  • O transformarse en curadores de experiencias que combinan proveedores locales, guías especializados y relatos únicos.

El turista que busca experiencias:

  • Es menos sensible al precio cuando percibe autenticidad y personalización.
  • Prefiere itinerarios flexibles, segmentados por estilo de vida (foodies, naturaleza profunda, arte urbano, comunidades indígenas, bienestar, etc.).
  • Es más proclive a dejar reseñas detalladas, que pueden impulsar o hundir la reputación de una agencia.

Quien logre pasar de “vender tours” a “diseñar micro-relatos de viaje” estará mejor posicionado para captar este nuevo tipo de demanda y construir marca propia, no depender solo de grandes plataformas.

La señal para operadores y guías: del servicio operativo al rol de autor

En el turismo experiencial, el guía deja de ser alguien que memoriza fechas y horarios para convertirse en autor de la experiencia:

  • Su historia personal, su manera de narrar y sus contactos locales se convierten en parte del producto.
  • La logística (transporte, entradas, tiempos) sigue siendo clave, pero no es lo que el viajero recuerda.
  • El operador que documenta, estandariza y mejora sus experiencias puede escalar y replicarlas sin perder autenticidad.

Esto abre la puerta para que pequeños operadores rurales, colectivos de mujeres, comunidades afro e indígenas o emprendimientos barriales entren de lleno al mercado internacional con propuestas experienciales sólidas, siempre que tengan acompañamiento en diseño, marketing y gestión.

Oportunidades concretas que esta tendencia abre hoy en Colombia

Para aterrizarlo en acciones, el liderazgo emergente de Colombia en turismo experiencial sugiere oportunidades claras:

  • Reposicionar productos existentes: un tour de siempre puede convertirse en experiencia premium si se le agrega relato, interacción con comunidad y detalles cuidados.
  • Alianzas entre hoteles y emprendimientos locales: en lugar de ofrecer solo “un listado de tours”, construir experiencias co-creadas, con narrativa compartida y reparto justo de ingresos.
  • Segmentar mejor: experiencias específicas para nómadas digitales, parejas, familias, seniors activos, viajeros LGBTQ+, turismo de bienestar o corporativo con componente vivencial.
  • Monetizar el tiempo fuera de la habitación: talleres, catas, eventos pequeños, recorridos temáticos, experiencias nocturnas seguras.
  • Medir emociones y satisfacción: no solo cuántos pasajeros tuvo un tour, sino qué sintieron, qué recuerdan, qué recomendarían.

Riesgos de no adaptarse: quedarse como un proveedor invisible

La otra cara de esta noticia es el riesgo silencioso para quienes no se muevan:

  • Ser visto solo como “el hotel donde se duerme”, mientras otros capturan el crédito por la experiencia.
  • Depender cada vez más de grandes plataformas y mayoristas que se quedan con el cliente final y con la narrativa del viaje.
  • Competir solo por precio frente a cadenas y actores globales con más músculo financiero.

En un país que empieza a destacar por sus experiencias, quedarse en el modelo transaccional clásico es, de facto, aceptar un rol secundario en la cadena de valor del turismo.

Cómo prepararse desde hoy para surfear esta ola

Algunas decisiones estratégicas que un negocio turístico colombiano puede tomar desde ya:

  • Mapear sus activos experienciales: personas con historias, espacios únicos, alianzas locales, tradiciones, saberes.
  • Convertir esos activos en productos claros: con duración definida, narrativa, precio, capacidad, protocolo de servicio.
  • Capacitar al equipo en storytelling, hospitalidad emocional y conocimiento del territorio.
  • Organizar sus datos: saber qué experiencias se venden más, a qué segmentos, con qué comentarios y en qué canales.
  • Comunicar distinto: menos fotos de habitaciones vacías, más rostros, momentos, escenas reales de las experiencias.

El rol de la tecnología: experiencias humanas, gestión inteligente

El turismo experiencial se vive en la calle, en la naturaleza, en la mesa de una familia local. Pero se diseña, controla y mejora con información y procesos. Ahí entra la tecnología.

Un sistema de gestión con inteligencia artificial puede ayudar a un hotel, agencia u operador a entender mejor a sus viajeros, anticipar qué tipo de experiencias valoran, ajustar cupos y recursos en tiempo real y aprender de cada interacción. Una solución como Traviux… permite ordenar reservas, operaciones, comentarios y datos de comportamiento en una sola base de conocimiento, para que cada nueva experiencia no empiece desde cero, sino sobre la inteligencia acumulada del negocio.

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